Concepción vuelve a ser escenario del Festival Toda la Teoría del Universo (TTU), que en su octava edición —bajo el título Lo Simple— conmemora los 10 años de trabajo continuo del centro cultural que lo produce. El encuentro que se está realizando gratuitamente hasta el 18 de enero en Balmaceda Arte Joven Biobío, Casa 916, la Universidad de Concepción y el Anfiteatro Los Troncos del Parque Metropolitano Cerro Caracol, posiciona a la ciudad como un espacio activo de creación, experimentación y circulación de prácticas artísticas que cruzan arte, tecnología y territorio.

Hoy nos encontramos inmersos en una era de hipercomplejidad, marcada por una sobrecarga informativa y una interconexión global sin precedentes, imágenes y contenidos constantes y desechables, que se traslada a la mirada/acción fuera de la pantalla. Este fenómeno, conocido como infoxicación, describe a esta saturación como algo que supera nuestra capacidad de procesamiento, generando estrés y dificultando la toma de decisiones.
En ese vértigo, lo simple no llama a simplificar: llama a detener el scroll, a habitar la pausa, a dejar que la grieta respire. A mirar con atención aquello que damos por hecho. Lo simple no como reducción, sino como la puerta de entrada al valle de las posibilidades y de los conocimientos. Nos invita a reflexionar sobre cómo, en medio de la complejidad abrumadora de nuestro mundo, lo simple puede convertirse en una herramienta de lucidez y comprensión profunda.

El concepto “Lo simple” de la versión 2026 de TTU propone que, al igual que la ciencia, el arte puede actuar como un traductor de dinámicas ocultas, utilizando la estética como un lenguaje capaz de hacer tangible lo abstracto. Al explorar la intersección entre lo simple y lo complejo, se busca ofrecer una perspectiva renovada que permita navegar y comprender mejor la hipercomplejidad de nuestro tiempo.
Esta idea atravesó la programación y se expresó, entre otras actividades, en la conferencia “Sin dualismos, la ciencia adormece, el arte despierta”, dictada por el colombiano Carlos E. Maldonado, doctor en ciencias de la complejidad, en la Universidad de Concepción.

El festival se articuló a partir de ejes curatoriales compartidos desarrollados por curadoras y curadores locales e internacionales. Esta metodología permitió construir una programación situada, donde artistas de Chile, Argentina, Brasil, México y Colombia trabajan en diálogo con el contexto local, privilegiando el intercambio, la colaboración y el trabajo en territorio.
La apertura del festival se realizó el 10 de enero con el workshop “Cuerpo tierra” de la artista brasileña Salissa Rosa, en Santa Juana, seguido del concierto inaugural de Eli Wewentxu en Balmaceda Arte Joven Biobío. Wewentxu, referente de la música docta experimental en Chile, presentó una obra que articuló prácticas contemporáneas con la memoria mapuche y el territorio, proponiendo una escucha directa y sensorial.
Dos ejes curatoriales internacionales marcan esta versión: desde México, Gabriela Munguía presentó “Pedagogías sensibles de la complejidad”, con videojuegos experimentales, caminatas sonoras y talleres que invitaron a explorar la ciudad desde nuevas percepciones. Desde Brasil, Denise Alves-Rodrigues desarrolla “Escalas de Magnitud”, con performances y acciones que ponen el foco en lo pequeño, lo cotidiano y las relaciones de cuidado con el entorno natural.

Las actividades se están desplegando en espacios culturales y públicos como Balmaceda Arte Joven Biobío, Casa 916, la Universidad de Concepción y el Anfiteatro Los Troncos del Parque Metropolitano Cerro Caracol. El cierre se realizará el 17 y el 18 de enero con la Feria TTU, un encuentro abierto que reunió stands de arte gráfico, publicaciones, conciertos, conversaciones y propuestas gastronómicas, celebrando el cruce entre creación, comunidad y territorio.