Todo lo que la mirada no alcanza
Todo lo que la mirada no alcanza
La arquitecta e investigadora Sofía Balbontín reflexiona sobre la escucha como una forma de conocimiento capaz de transformar nuestra relación con el territorio, la tecnología y los otros, en un momento en que la imagen parece dominar la experiencia contemporánea.
1.
Vivimos en una época dominada por la imagen. ¿Por qué volver a la escucha? ¿Qué dimensiones del mundo quedan fuera cuando privilegiamos únicamente la mirada?
La escucha ha sido históricamente relegada por una sociedad que privilegia la vista y que hoy está marcada por un constante bombardeo de información visual. Esa hiperestimulación deja en segundo plano otras formas de conocimiento ligadas a las sensaciones, las emociones y la experiencia corporal. Escuchar nos permite comprender el mundo no solo desde lo racional, sino también desde una relación más directa con nuestro entorno y con nuestra propia condición humana.
La escucha nos sitúa en el presente y nos abre a una forma alternativa de conocimiento, basada en la experiencia y no únicamente en la observación. A diferencia de la imagen, que es inmediata, escuchar requiere tiempo. En un contexto donde el tiempo se ha transformado en un recurso que debe optimizarse, la escucha se vuelve casi un acto de resistencia: nos invita a detenernos, a habitar el presente y a recuperar una relación más consciente con el mundo y con nosotros mismos.
2.
“En algún momento la escucha dejó de ser simplemente un objeto de estudio para convertirse en una forma de investigar el mundo”.
Más que afirmar que la escucha dejó de ser un objeto de estudio para convertirse en una forma de investigar el mundo, creo que el cambio de paradigma fue otro: el sonido dejó de ser el centro de atención para dar paso a la escucha como experiencia. Mientras Pierre Schaeffer puso el foco en el objeto sonoro, corrientes posteriores, como la escucha profunda de Pauline Oliveros, desplazaron el interés hacia la forma en que escuchamos y construimos nuestra relación con el mundo.
Entendida así, la escucha es una herramienta crítica de conocimiento. Nos conecta con el entorno, con los otros y con fenómenos que muchas veces permanecen fuera del alcance de la mirada. Esa es la vocación del Instituto Tecno-Aural: utilizar la escucha para comprender un presente marcado por la interacción entre naturaleza, tecnología y acción humana, reconociendo nuevas formas de auralidad y de escucha expandida que nos permiten acceder a dimensiones de la realidad que van más allá de lo visible.
3.
Se habla mucho de la crisis de la atención, pero poco de una posible crisis de la escucha. ¿Crees que hemos perdido la capacidad de escuchar con profundidad? ¿Qué consecuencia tiene eso en nuestra relación con los otros y con el territorio?
No creo que hayamos perdido por completo la capacidad de escuchar, pero sí que existe una diferencia importante entre la sociedad occidental urbana y otras comunidades que mantienen una relación más estrecha con la naturaleza. Pueblos indígenas o comunidades de pescadores, por ejemplo, dependen de una escucha activa para comprender y habitar su entorno. En esos contextos, escuchar sigue siendo una herramienta fundamental para relacionarse con el territorio.
En cambio, la cultura occidental urbana ha relegado la escucha. Vivimos inmersos en un entorno saturado de estímulos visuales y sonoros, donde la atención está constantemente capturada por pantallas, redes sociales y medios de comunicación. Esa sobreestimulación reduce nuestra capacidad de escuchar con profundidad y debilita una forma de conocimiento que nos conecta con el entorno, con los otros y con nuestra propia experiencia sensorial.
4.
La arquitectura ha privilegiado históricamente la experiencia visual. ¿Qué preguntas aparecen cuando el sonido se convierte en una herramienta para pensar el espacio? ¿Cómo cambia una ciudad cuando comenzamos a recorrerla con el oído?
La arquitectura ha privilegiado históricamente la experiencia visual porque se manifiesta como un espacio físico. Sin embargo, también existe una dimensión auditiva que forma parte de nuestra manera de habitarla. A través de la escucha somos capaces de reconocer un espacio, distinguir sus dimensiones, identificar si estamos en un interior o un exterior e incluso percibir la atmósfera emocional que produce. La escucha, por lo tanto, también es parte de la experiencia arquitectónica.
Cuando incorporamos el sonido como una herramienta para pensar el espacio, descubrimos una dimensión que muchas veces pasa desapercibida. Una ciudad puede proyectar una imagen, pero sonar de una forma completamente distinta. Recorrerla con el oído nos permite revelar otras capas del territorio y construir una experiencia diferente de la que obtenemos únicamente a través de la mirada.
5.
En un momento en que la inteligencia artificial es capaz de producir imágenes, voces y paisajes sonoros, ¿qué lugar ocupa la experiencia humana de la escucha? ¿Adquiere un nuevo valor precisamente por ser una experiencia situada y corporal?
Sí, sin duda. La escucha es una experiencia profundamente humana. Mientras el sonido existe más allá de nosotros, escuchar implica una acción situada, corporal y emocional. Es una forma de relacionarnos con el mundo que está atravesada por nuestra experiencia, nuestras creencias, nuestra cultura y el contexto en el que nos encontramos. Por eso, aunque la inteligencia artificial pueda producir sonidos, no puede reemplazar la experiencia humana de la escucha.
Al mismo tiempo, la tecnología también puede ampliar nuestras capacidades. Hoy existen dispositivos que expanden la escucha y funcionan como una interfaz entre el cuerpo y el entorno, como ocurre con algunos implantes auditivos. En ese sentido, es posible imaginar un futuro donde la tecnología participe de nuestra experiencia de escucha, no para sustituirla, sino para ampliarla y abrir nuevas formas de percibir el mundo.
6.
Más allá del crecimiento del Instituto, ¿qué transformación cultural te gustaría impulsar? Si este proyecto logra aquello que imaginas, ¿qué conversación esperas que exista dentro de diez años gracias a él?
Más que el crecimiento del Instituto, me interesa impulsar una transformación cultural donde la escucha sea reconocida como una forma legítima de conocimiento. Me gustaría que aprendiéramos a escuchar con la misma importancia con que aprendemos a mirar, entendiendo que existen dimensiones del mundo que no son visibles, sino audibles, y que esa forma de conocimiento puede ayudarnos a comprender mejor las relaciones entre naturaleza, ciudad, tecnología y sociedad.
También espero que empecemos a reconocer los conflictos aurales como parte de nuestra realidad. El sonido y la escucha tienen una dimensión política: revelan relaciones de poder, muestran quiénes son escuchados y quiénes son silenciados, y atraviesan ámbitos tan diversos como la convivencia urbana, las manifestaciones, la academia o las relaciones de género. Me gustaría que, en el futuro, la escucha ocupe un lugar más relevante en la educación, la investigación y el debate público, como una herramienta crítica para comprender e intervenir el mundo que habitamos.

Bio Sofía Balbontín
Sofía Balbontín es arquitecta, artista e investigadora transdisciplinar basada en Valparaíso. Es doctora en estudios artísticos de la Universidad de Lisboa e investigadora asociada del NLC Núcleo de Lenguaje y Creación UDLA y del Centro de Investigação e de Estudos em Belas-Artes CIEBA de la Universidad de Lisboa. Es co-fundadora del proyecto Espacios Resonantes que explora la acústica y las sonoridades del patrimonio moderno industrial e investiga sobre las implicancias de los sistemas extractivistas que pueden develarse mediante la escucha. Es directora del Festival de Arquitectura y Escucha: Espacios Resonantes que consiste en una comunidad multidisciplinar que utiliza la experimentación sonora como medio para transformar y especular sobre los entornos de la realidad construida. Su trabajo se centra en la interacción entre sonido y espacio, desarrollando desde este punto de partida propuestas experimentales en torno a la arquitectura, el diseño sonoro, la música, el video, la realidad virtual, la performance y la instalación.